(..."Tarde y lejos"
siempre me pareció
una mala combinación...)
Después de lo que parecía un interminable curso de 3 meses Roy había logrado conseguir por fin empleo como camillero de un pequeño hospital privado al centro de la ciudad, y todos los días muy temprano lo levantaba un despertador, se obligaba a sentarse en el inodoro, para más tarde desayunar sin hambre, alimentar a su gato, cepillar sus dientes y peinarse: preparaba su almuerzo y se subía a su viejo caribe 88´ para enfrentarse al tráfico hasta llegar a su trabajo.
Pasaba por un corredor donde las secretarias que lo odiaban (tanto como el a ellas) lo esperaban con una lista de los traslados de los pacientes que habían pendientes para ese día. Martha era la peor de todas. Ella se esforzaba por hacer las cosas muy lento en cuanto veía a Roy caminar por el corredor, siempre lo hacía esperar a propósito. Entonces Roy se sentaba en el sillón y esperaba y esperaba pacientemente, veía el televisor que siempre ponían en el mismo canal, en el mismo programa de concursos con el sonido en mute y siempre tenia que escuchabar conversaciones que no quería oír de personas que no quería ver. Las secretarias hablaban entre ellas de estupideces, las estupideces que habla siempre la gente, en el trabajo, en los parques, en sus fiestas, en la fila del supermercado. Platicas que no tiene sentido ni lugar y son totalmente intrascendentes, platicas que matan, que enferman, que vuelven loco a cualquier hombre decente.
Hay pocas cosas más deprimentes que trabajar en un hospital (por ejemplo por ahora solo se me ocurre ser escritor)
Roy recordaba cuando su madre le decía "el diablo esta en los detalles" lo recordaba por ejemplo cuando escuchaba los horribles chistes del doctor García y todo el personal menos él se reían y aplaudían ruidosamente, lo recordaba también cuando veía pasar a Rocío la enfermera de veinti-pocos años que jamás volteaba a mirarlo y se imaginaba una vida con ella (Una vez le pidió un cigarro y él se lo dio, sus manos se tocaron y eran las manos más suaves que alguna vez hubiese tocado Roy)
Se la imaginaba alimentando al gato y teniendo un perro, de compras en el mercado, peleando por teléfono, reconciliándose, diciéndose secretos tendidos en el sofá cualquier domingo aburrido, acariciándose, coqueteando, yendo por las noches a visitarla con su cepillo de dientes, durmiendo juntos, yendo a su baño muy temprano en la mañana, usando alguna de sus camisas, yendo al hospital juntos en el viejos caribe 88´regresar con ella. Imaginaba su castaño y sedoso pelo acomodado en su pecho, sus preciosos ojos miel mirándolo enamorada, cocinándole, quemando el arroz, ambos riendo, se imaginaba sus senos, su sexo, su olor, el número de cucharadas de azúcar que lleva su café ,la calle donde vivía, el nombre de su abuela, el día de su cumpleaños, su comida favorita, lo que le gustaba hacer los viernes por la tarde, riendo de nuevo, que música la gustaba, a quien odiaba, si voto por peña nieto, si le gustaba le futbol, el lugar exacto detrás de su oreja izquierda al que a ella le encantaba que le toquen , su número telefónico, la cantidad de novios que había tenido en el pasado, el color de la ropa interior debajo del esa filipina, sus sueños, sus miedos… cada vez que la veía pasar.
lo recordaba también al salir a la calle 58 y ver a los tipos que vendían periódicos y pensar en sus deprimentes y rutinarias vidas, y lo recordaba también al verse en el espejo cada mañana.
Como se trataba de un hospital pequeño no era muy común gran movimiento, pero cierto día a la hora del almuerzo lo interrumpió el jefe Gutiérrez diciéndole que había un traslado urgente. El paciente del cuarto 36 estaba muriéndose y tenían que llevarlo de urgencia al hospital general, se habló de más términos médicos pero Roy no entendió gran cosa y se dirigió a la habitación lo más rápido que pudo.
No fue hasta estar parado frente a la puerta y ver los numero pintados en la puerta blanca que reconoció la habitación. Ahí estaba Félix, Roy conocía a Félix, le había enseñado a jugar ajedrez en algún momento libre entre sus medicaciones y consultas, era un tipo viejo pero no demasiado (quizás 56) tenía un nieto llamado Néstor a quien le gustaba mucho nadar y comer mangos.
Félix estaba inconsciente y las enfermeras frenéticas (entre ellas Rocío) preparaban todo para el viaje al hospital que; aunque corto resultaba peligroso. Las cosas pasaron mucho más rápido de las que Roy pudo comprender, basto un hábil movimiento de sabanas para pasarlo de la cama a la camilla y cuando se dio cuenta ya estaba en la ambulancia con las dos enfermeras como marcaba el protocolo. Había un tráfico en verdad endemoniado y a pesar de los esfuerzos del chofer no lograban llegar a su destino.
Félix despertó pero no dijo absolutamente nada, parecía que abrió los ojos específicamente para buscar a Roy y lo encontró, en sus ojos había una profunda tristeza y al mismo tiempo se reflejaba un gran alivio, pareciera que el viejo se estuviera despidiendo. Y se despedía de él y se despedía del pequeño Néstor y se despedía del mundo entero, cerró los ojos de nuevo y entonces hubo un hermoso silencio hasta que un auto paso de junto con música de los tigres del norte a todo volumen y jamás sonó tan infame.
Llegaron al hospital y es verdad que todos lo sabían pero nadie se atrevió a decir nada hasta que el médico de guardia se subió a la ambulancia y lo confirmo: Félix estaba muerto. Llegaron otros dos camilleros y lo bajaron en silencio, no había mucho que decir, no había mucho que hacer, una par de llamadas y aburrido papeleo una de las enfermeras se quedaría a hacer ese trabajo: la noticia la alegro. La otra enfermera regreso en el asiento del copiloto y platicaba con el chofer como si nada. Roy se quedó solo en la cabina, miro la sabana mojada de sudor la esencia de sangre de todos los pacientes, el olor a muerte flotando en el aire, Roy se acostó en la camilla y cerró los ojos.
Nunca había deseado tanto cambiar de lugar con alguien