Existe una bizarra alegría en aquellos a los que las apuestas no
les afectan, por que: Tienen poco que perder y poco menos que ganar, personas
que se han enajenado y emancipado del todo y de todos (incluyendo a sus
semejantes) y por lo general y a diferencia del resto de las personas que con
gran expectativa esperan su fin de semana, el día y la hora como la mayoría de
las cosas son indiferentes. Y lo demuestran así gastando altanera mente las
mejores horas de su sábado por la noche en un jodido 24 horas.
<El verdadero sábado empieza cuando se
oculta el sol> me dijo alguien alguna vez, puesto que un sábado al medio día
por ejemplo, bien se podría confundir con un jueves, que es un día pasillo, si
uno se pone a pensarlo las vacaciones de verano por ejemplo están compuestos
por puros martes y jueves que se repiten innumerablemente.
En la avenida del libano hay un 24 horas,
la comida es mala y el café peor. Pero es un 24 horas. Y, por si esto fuese
poco, venden alcohol.
Recuerdo que comí algo al rededor de las 3:30
AM, no recuerdo que comí, si no más bien el reflejo involuntario de llevarme
algo a la boca y tragar; mientras a mi alrededor los empleados del café se
movían en cámara rápida, varios cuadros adelante de mí, como en un vídeo
musical de MTV en los 90´s con música de fondo con beats repetitivos y
estruendosos. Mientras seguía en lo mio, lenta- lentamente. Me dijeron que ya
no podían servirme más alcohol, bien -pensé- tomare el primer camión y llegare
a casa a dormir.
Así se me fue la noche, se me fue el sábado.
Todo parece totalmente irreal, como quien entra a un minisuper a mitad de la
madrugada a mirar cómo se fríen las salchichas, (por lo general lo hacen
borrachos ó adictos ó escritores da igual son almas que se perdieron en el
paralelo del universo).
Reviso mis recuerdos: lagunas mentales y bloques de olvido en
momentos donde hubiese querido entender. Tomo el ultimo sorbo de mi ron…
Miro de nuevo a los empleados. Ellos me
miran, tienen esa maldita cara, fingen ser amables. Los tengo a todos pensé,
todos juntos pero todos solos, como un horrendo poker, me arruinan mi sábado,
me queman los nervios, los siento en mi espalda: el grito de sus ojos
desesperados, sus caras vacías ó esa inexpresiva sonrisa de foto de fiestas,
son tan familiares para mí como el unísono sonido de aires acondicionados en
los moteles de paso: el coro de un himno a la eterna derrota.
Estas personas han probado ese sinsabor
existencial de quien es contratado por la gigantesca productora de la vida como
un extra para engrosar multitudinarias escenas de fondo en el reparto de la
vida.
El joven de barba perfectamente recortada
y lentes cuadrados y camisa de cuadros y manga larga que da la impresión con
ese patético look de "barba de 3 días" que se sienta; té chai en
mano, a escribir una tarde en la terraza de starbucks con su terrible
prosa. Monstruosamente cliché.
La mujer vacía pero aparentemente plena de
46 años y recién divorciada que, desde la intimidad de su auto estacionado en
la oscuridad de la plaza, se gasta una botella de vodka de avión.
El chico de 16 con ropa y reloj que
cuestan mi renta y mi sueldo anual hablando por teléfono y reclamando:
-!Pero mamá! dijiste que pasarías por mi a
las 7.
Las chichas de
ni-siquiera-quiero-saber-la-edad con grandes bolsas que llegan a cambiarse al
baño de walt-mart y salen con ropas que sus padres les prohíben usar en casa,
en cualquier parte, mismas que más tarde saldrán tambaleándose de la disco.
La familia de gordos ricos sentados en un
restaurante de lujo comiendo filetes de importación.
Los obreros ebrios en el camión que
analizan la posibilidad de pagarle a un travesti para que les de sexo oral y
jamás contarle a nadie.
Los tengo a todos -pensé- pague la cuenta
y salí del lugar.
https://www.youtube.com/watch?v=KGSPUOaHYn4
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