domingo, 31 de agosto de 2014

Sábado/domingo

Existe una bizarra alegría en aquellos a los que las apuestas no les afectan, por que: Tienen poco que perder y poco menos que ganar, personas que se han enajenado y emancipado del todo y de todos (incluyendo a sus semejantes) y por lo general y a diferencia del resto de las personas que con gran expectativa esperan su fin de semana, el día y la hora como la mayoría de las cosas son indiferentes. Y lo demuestran así gastando altanera mente las mejores horas de su sábado por la noche en un jodido 24 horas.
<El verdadero sábado empieza cuando se oculta el sol> me dijo alguien alguna vez, puesto que un sábado al medio día por ejemplo, bien se podría confundir con un jueves, que es un día pasillo, si uno se pone a pensarlo las vacaciones de verano por ejemplo están compuestos por puros martes y jueves que se repiten innumerablemente.
En la avenida del libano hay un 24 horas, la comida es mala y el café peor. Pero es un 24 horas. Y, por si esto fuese poco, venden alcohol.
Recuerdo que comí algo al rededor de las 3:30 AM, no recuerdo que comí, si no más bien el reflejo involuntario de llevarme algo a la boca y tragar; mientras a mi alrededor los empleados del café se movían en cámara rápida, varios cuadros adelante de mí, como en un vídeo musical de MTV en los 90´s con música de fondo con beats repetitivos y estruendosos. Mientras seguía en lo mio, lenta- lentamente. Me dijeron que ya no podían servirme más alcohol, bien -pensé- tomare el primer camión y llegare a casa a dormir.
Así se me fue la noche, se me fue el sábado. Todo parece totalmente irreal, como quien entra a un minisuper a mitad de la madrugada a mirar cómo se fríen las salchichas, (por lo general lo hacen borrachos ó adictos ó escritores da igual son almas que se perdieron en el paralelo del universo).
Reviso mis recuerdos: lagunas mentales y bloques de olvido en momentos donde hubiese querido entender. Tomo el ultimo sorbo de mi ron…
Miro de nuevo a los empleados. Ellos me miran, tienen esa maldita cara, fingen ser amables. Los tengo a todos pensé, todos juntos pero todos solos, como un horrendo poker, me arruinan mi sábado, me queman los nervios, los siento en mi espalda: el grito de sus ojos desesperados, sus caras vacías ó esa inexpresiva sonrisa de foto de fiestas, son tan familiares para mí como el unísono sonido de aires acondicionados en los moteles de paso: el coro de un himno a la eterna derrota.
Estas personas han probado ese sinsabor existencial de quien es contratado por la gigantesca productora de la vida como un extra para engrosar multitudinarias escenas de fondo en el reparto de la vida.
El joven de barba perfectamente recortada y lentes cuadrados y camisa de cuadros y manga larga que da la impresión con ese patético look de "barba de 3 días" que se sienta; té chai en mano, a escribir una tarde en la terraza de starbucks con su terrible prosa. Monstruosamente cliché.
La mujer vacía pero aparentemente plena de 46 años y recién divorciada que, desde la intimidad de su auto estacionado en la oscuridad de la plaza, se gasta una botella de vodka de avión.
El chico de 16 con ropa y reloj que cuestan mi renta y mi sueldo anual hablando por teléfono y reclamando:
-!Pero mamá! dijiste que pasarías por mi a las 7.
Las chichas de ni-siquiera-quiero-saber-la-edad con grandes bolsas que llegan a cambiarse al baño de walt-mart y salen con ropas que sus padres les prohíben usar en casa, en cualquier parte, mismas que más tarde saldrán tambaleándose de la disco.
La familia de gordos ricos sentados en un restaurante de lujo comiendo filetes de importación.
Los obreros ebrios en el camión que analizan la posibilidad de pagarle a un travesti para que les de sexo oral y jamás contarle a nadie.

Los tengo a todos -pensé- pague la cuenta y salí del lugar.




https://www.youtube.com/watch?v=KGSPUOaHYn4